jueves, 17 de enero de 2019

1 María y su perrito Lab


Volvía del trabajo. Como es natural en estos tiempos, la calle estaba ruidosa. Decenas de coches inundaban el aire con estrepita sonoridad. Un aire frio y cortante. La radio una basura, la música le cansaba. Solo tenía el deseo de llegar a casa, quitarse las zapatillas y servirse una cerveza. El hecho de querer abrazar a su pequeña y besar a su esposa le producía un tremendo pesar.
Una lágrima asomaba entre sus parpados. Un <<bip-bip>> inunda el coche. El tiempo se ralentiza. Su corazón deja de latir a la vez que toma su último suspiro.
<< ¿Afín responde?>>. Piensa mientras el tiempo no solo recupera ritmo sino que se acelera. Como si se tratara de una ola, la cual huye de la playa para volver con más fuerza. Su respiración entrecortada y su corazón a punto de reventar. Baja la mirada. No sabe si mirar o… quizás siempre ha sabido la respuesta. Quizás piense que al leerlo se hará realidad y no se podrá cambiar.
Tras vacilar varias veces decide leerlo. Las lágrimas brotan sin cesar. Quizás fuera la vista borrosa o las ideas inconexas danzando libremente en su cabeza. Sea como fuera, esta errónea decisión solo trajo lágrimas y llantos, en el mismo instante del accidente.


Las 7:30. Suena el despertador. Entre ruidos y quejidos se despierta. Como cualquier otra mañana. Prepara su almuerzo mientras se toma el café. Se asea y se viste. Finalmente coge el coche.

<<Cada día odio más la maldita radio. Se supone que debería entretenerme. Quizás Andrea no esté tan equivocada. Si es cierto que últimamente ya nada me motiva ni me divierte. Los días son grises y cada vez más pesados. Tal vez sea culpa del estrés. Sabe que son meses complicados. Todo el mundo decide coge viajes a estas alturas. Yo no tengo la culpa de tener que trabajar hasta tarde, no sé porque le cuesta tanto entenderme>>.
Tras dar sucesivas vueltas logra encontrar un hueco donde dejar su destartalado vehículo. El frio viento le congelaba la cara. Las manos temblorosas y doloridas apenas podían agarrar la fiambrera.

-Buenos días tío- dijo Tomás con aire jovial-. Se te ve helado. Ven aquí, he cogido asientos en primera fila en el radiador. Afuera hace un frio de cojones. Espero que al final nieve este finde, les prometí a los chicos una escapadita con el trineo-. 
-Aprovéchalo tú que puedes. Yo estoy hasta el culo de curro. Encima Andrea solo me habla para gritarme.
-¿Otra vez?
-No es capaz de entender que son unos meses de demasiado trabajo. Bastante estresado estoy ya.
-A ver. Razón no le falta, ponte en su lugar. Llevas desde agosto sin apenas pisar tu casa. ¿Tanto te merece la pena el accenso? Acabarás por perderlo todo por unos euros más.
-Joder Tom. ¿También tú?
-Yo solo te digo lo que hay. Deberías pasar más tiempo con Andrea y María. ¿Hace cuánto no salís los cuatro de paseo? Antes de que supieras de la jubilación de nuestro encargado hubieses sido el primero en apuntarte a venir a la sierra. Miriam ha estado hablando con Andrea. Quizás se vengan las tres el sábado. Vente tío. Hay hueco de sobra.
-Me gustaría pero ya di mi palabra para hacer guardia.
-Bueno tío. Si al final te quieres apuntar me dices. Me voy al curro que debe estar a punto de llegar.

Como cada día, se sienta en su escritorio. Enciende el ordenador y visualiza la gigantesca lista de correos aun por contestar. Como cada día, suspira. Entre tanto recibe un mensaje. Uno de su mujer.
<<Porque me extraña que me haya escrito. Antes siempre lo hacía>>.


Copito: Has hablado ya con Tom?                                                                                                                   8:14
Yo: Te refieres a lo de la sierra??                                                                                                                    8:14
Copito: Sí. María está muy ilusionada. No para de repetir que quiere
             probar el nuevo collarín de Lab                                                                                                          8:16

Yo: Que nuevo collar                                                                                                                                       8:16
Copito: Uno con luces. Si no se negaba a llevar a Lab

             Pero bueno el caso es si al final vas a venir
             Quiere que vengas. Apenas pasas tiempo con ella                                                                             8:17

Yo: Mañana me toca la guardia L                                                                                                                  8:17
Copito: Tres semanas seguidas?                                                                                                                     8:18

Yo: Son meses difíciles                                                                                                                                  8:18
Copito: Eso llevas diciendo desde verano y ya es noviembre                                                                       8:18

Yo: Lo siento. Te prometo que cuando acabe la temporada navideña os lo compensaré. 
       En un mes se jubila y volveré a tener tiempo libre                                                                                 8:19
Copito: OK.                                                                                                                                                    8:24

Yo: Lo siento L                                                                                                                                              8:24

Pasan las horas y el móvil no deja de sonar. Sus compañeros de equipo de futbol tienen un partido este sábado. Él hace bastante que no juega, no tiene tiempo. Aun así debe aguantar los mensajes, tanto para los preparativos como los mensajes chorras. Echa de menos el partido de los domingos, quizás eso le haga asquearse más por el sonido. Decide apagarlo y guardarlo en el cajón.
Sigue pasando la mañana. Llaga la hora de comer y decide rescatar el móvil perdido. Al encenderlo descubre varias llamadas de su mujer a la par de varios mensajes.

Copito: Han llamado de la escuela. María está llorando
             Por lo visto Lab se ha escapado
             Le está dando otra crisis nerviosa                                                                                          11:36
Copito: La he traído a casa pero sigue llorando
           La he prometido que irías con ella a pegar carteles
             Cogí uno de los dibujos de Lab. Más te vale ir
           Puedes venir? Tenemos que llevarla con Ramírez                                                                12:15

Copito: Hay que aumentarle la dosis
             Por cierto. Gracias por venir. Ya veo lo que te importa
           Sabes que esto puede ocurrir y apagas el teléfono?  
           Aunque tienes razón todo sea por esa mierda de ascenso                                                     13:40

Copito: No está. No sé dónde se ha metido
           Por favor deja esa puta mierda de trabajo y ven a buscar a 
             tú hija                                                                                                                                    14:38



Como es habitual termina tarde. Debería trabajar hasta las 14:30 pero no es de extrañar que termine saliendo varias horas después. Decrepito y hambriento decide relajarse y comer. Termina por recoger a las 17:34. Guarda todo en la fiambrera, se pone su abrigo y baja hasta el coche. Una vez dentro nota que le falta el teléfono.
Ya con el teléfono en la mano decide encenderlo. Decenas de mensajes del maldito partido. Entre ellos encuentra varios de su mujer, a la par que llamadas perdidas.

Confundido debido a la desaparición de Lab y la huida de María decide llamar a su mujer. <<Ya han pasado varias horas. Seguro que se ha debido de aclarar todo>>, piensa mientras buscaba entre sus contactos. Después de varios intentos decide darse prisa en volver.
<< ¿Por qué Lab? A estas alturas… Esperábamos que pasara pero ahora que ha pasado se me hace raro. Que ha cambiado. ¿Será por mí? Este trabajo va a acabar volviéndome loco. Ahora mi pequeña anda perdida. No consigo contactar con Andrea. ¿Es posible que haya ocurrido…? No, seguro que no >>
Los intentos por apartar malos pensamientos no lograron su objetivo. Sabía los peligros de dejar a una niña como María sola. Perdida y sin ayuda. A expensas de cualquier brote. En cuestión de segundos podría olvidarse de quien es. De su nombre. De su hogar. Quizás no sepa volver, o quizás ya no quiera. Es difícil entenderla.

Todas estas ideas hacían insufrible el camino de regreso. Como es natural en estos tiempos, la calle estaba abarrotada. Decenas de peatones ocupaban las calles con gran bullicio. El aire frio y cortante. La radio le asqueaba. La música no le distraía. Solo tenía el deseo de llegar a casa.  Quitarse las zapatillas y servirse una cerveza. Solo querer abrazar a su pequeña y besar a su esposa.
Una lágrima asomaba entre sus parpados. Un <<bip-bip>> inunda el coche. El tiempo se ralentiza. Su corazón deja de latir a la vez que toma su último suspiro.
<< ¿Afín responde?>>. Piensa mientras el tiempo no solo recupera ritmo sino que se acelera. Como si se tratara de un boxeador, el cual recoge el puño para volver con más fuerza. Su respiración entrecortada y su corazón a punto de reventar. Baja la mirada. No sabe si mirar o… quizás siempre ha sabido la respuesta. Quizás piense que al leerlo se hará realidad y no se podrá cambiar.

Tras vacilar varias veces decide leerlo. Las lágrimas brotan sin cesar.

Copito: No la encuentro. Llevo buscando durante horas y no la encuentro
           Y donde está su padre? Como siempre
           Se acabó. Ya no aguanto más. Ya no espero más. Cuando la
           encuentre nos iremos. Así nada te estorbará                                                                             18:22

Quizás fuera la vista borrosa o las ideas inconexas danzando libremente en su cabeza. Sea como fuera esta errónea decisión solo trajo lágrimas y llantos, en el mismo instante del accidente.
En el momento anterior al choque solo se podían oír los gritos de una mujer desesperada.      << ¡Lab ven!  ¡Sal de ahí!>>. Ya había comenzado a anochecer. Quizás la vista borrosa o las lágrimas no le dejaron ver. Aquello parecía más un animal que un niño. No fue capaz de frenar. Antes de darse cuenta todo había ocurrido.


Varios meses después se enfrenta a una pena de cuatro años. Homicidio involuntario. La cárcel no le importaba. Arrastraba un castigo mayor. Lo único que deseaba es la muerte. Los detalles sobran. Puro trámite y depresión, ganas de suicidio y desesperación. Pero hay un fragmento que he podido recuperar. Un fragmento para el espectador, algo realmente esclarecedor. Corresponde a un pequeño trozo de conversación entre el interrogado y el interrogador. Un trozo de nuestra conversación.
- Hay algo que no me ha quedado claro. Usted asegura que lo que vio el instante antes del atropello fue un animal. No me consta que su familia tuviera algún tipo de mascota. En la conversación con su mujer se da a entender de una.
- ¿Cómo dice?
- ¿No compro su mujer un collarín? El nombre que figura es Lab. ¿Tal vez un perro sin registrar?
- Lab no existe. Mi hija sufría de trastornos de la personalidad.
- Pero aseguras que antes del atropello escuchaste el nombre de Lab. ¿Por qué no grito su mujer María?
- Eso se lo tendrá que responder ella. Aunque como le digo sufría de trastornos.

El resto lo habéis leído ya.
Una triste historia ¿no creen? Como siempre ha sido un placer. Gracias.

                                                                                                                                                             Jabusa.